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Capitulo 5. Página 2.:

excelente almuerzo en uno de estos lugares en la calle principal, un lugar con una atmósfera especial y de muy buena calidad.
Mañana se planteaba una dura caminata, 34 Km hasta Ponferrada atravesando la montaña que ya aparecía cubierta por la neblina y coronada por la famosa “Cruz de Ferro”, símbolo emblemático del Camino. El terreno está prácticamente deshabitado desde Foncebadón hasta El Acebo, a excepción de Manjarin, un pueblo abandonado y en ruinas, donde un moderno Templario ha renovado, al estilo himalayo, un refugio en el que ofrece alojamiento y festejos a los peregrinos, esto último si el tiempo lo permite.
De vuelta en Rabanal, era la hora de asistir al oficio religioso en la Iglesia de Santa María, iglesia románica del s.XII, pequeña y acogedora, que estaba próxima al refugio de la Confraternidad. Aquel día los oficios se celebraron a la luz de las velas y los peregrinos se unían los unos a los otros para poder soportar mejor el frío. Se recitó la oración de los peregrinos y los monjes nos rociaron con agua bendita mientras pronunciaban su particular bendición. El otro edificio que merece la pena visitar aquí es “La casa de las cuatro esquinas” que inicialmente fue la residencia de los templarios, guardianes del Camino.
Aquella noche mis sueños se vieron perturbados por unos fuertes ronquidos que pueden ser un problema relacionado con la respiración. La respiración está asociada con este chakra al igual que con los resfriados, con los problemas del tiroides, del cuello y de los hombros, con todos ellos tenemos que tener especial cuidado en este tramo. El sueño del que me acuerdo era uno en el que me encontraba en un templo acompañado de una estatua de Buda. Al meditar, la estatua y yo fuimos uniendonos y entonces en estado de levitacion giraba para situarme frente a frente con las cuatro direcciones uno por uno. Más tarde me perdí en un laberinto de pasadizos y de senderos que me impedían seguir hacia delante hasta aparecer en un santuario interior donde sentí presionado el punto justo debajo de la corona de mi cabeza, el punto de Bindu en el Hinduismo, el punto que, al activarse, segrega un líquido conocido como “amrit” (néctar divino) que alimenta el alma y el cuerpo. Me sentía instantáneamente relajado y feliz a medida que el liquido se desplazaba por mi garganta, seguro de que la vida perduraría. Los alquimistas llamaban a este néctar Ambrosia y es

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